Deseo

¿Objetivo o emoción?

Por desgracia, ambas cosas. El deseo es algo increíble, indescriptible! Es un secuestro emocional en toda regla, la anulación total de la razón…

El problema del deseo es que es un arma de doble filo. Cuando el deseo se convierte en objetivo se estropea, se echa a perder. Y además tiene la habilidad de contagiar todo lo que está a su alrededor con una velocidad increíble. Creo que a todos nos ha pasado alguna vez… no?

Cuando el deseo se convierte en objetivo dejamos de ver las cosas con claridad, perdemos el norte. Nos centramos tanto en conseguir lo que deseábamos que dejamos de hacerlo, y lo peor de todo es que no nos damos cuenta hasta pasado un tiempo. Y durante ese tiempo eliminamos de la paleta todos los grises y nos quedamos solo con el blanco y con el negro. Es el todo o nada, una pelea a muerte. Solo importa conseguir lo que un día deseamos y que ahora ha pasado como mínimo al segundo puesto de nuestra escala de valores… lo primero es lo primero, tenemos que conseguirlo!

Es la cara fea del deseo, lo sé, y por eso no hay que olvidar que existe. Solo así reduciremos al mínimo ese tiempo en el que nuestro cerebro es abducido completamente y podremos volver a darle la vuelta a la moneda para ver la otra cara del deseo. La buena, la de verdad, la que es 100% emocional, la incondicional…

Es increíble. Lastima que vayamos por la vida tan acelerados y que existan tantos prejuicios sociales y tantas normas, estén o no escritas… Si tan solo nos paráramos de vez en cuando a observarnos, si nos dejáramos llevar y dejáramos de pensar si hacemos o no lo correcto, si será eso o no lo que realmente deseamos…

A veces tenemos que parar, cerrar los ojos, mirar hacia dentro. Olvidarnos por un momento de todo eso que tenemos en la cabeza y limitarnos a sentir. Olvidarnos de los objetivos, de los éxitos y de los fracasos. Limitarnos a sentir…

La felicidad no es algo puntual. No es un interruptor que pueda ponerse en “on” o en “off”. Sin embargo eso es lo que pretendemos cuando convertimos los deseos en objetivos. Nos engañamos pensando que solo podemos alcanzar la felicidad si logramos alcanzar nuestro objetivo, y pretendemos que además una vez conseguido este, nuestro estado de felicidad sea eterno…

Quizá me equivoque pensando que esto es un error, pero prefiero seguir equivocado disfrutando del deseo en su más pura esencia… sin objetivos, sin metas, solo emoción. Los objetivos o bien deprimen cuando no son alcanzados o bien decepcionan al conseguirlos… Creo que este es el motivo de algo que dije una vez hace ya algún tiempo.

No busco quien satisfaga mis deseos,
sino a quien me haga desear…

 

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Acerca de Enadan

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Una respuesta a Deseo

  1. Tio Luiso dijo:

    Tengo la impresión de que el hombre es una entidad dual. Tenemos una parte más “primitiva”, instintiva, emotiva, incontrolable. Y tenemos otra parte racional, más cercana, que aspira a conocer las cosas que le rodean. Y es en el diálogo entre estas dos entidades donde transcurre nuestra vida.

    En muchas ocasiones me he preguntado qué precede a qué, la emoción, el impulso, la necesidad, el deseo, o las razones por las cuales nos justificamos el deseo. En realidad, por la propia formulación que voy haciendo de ello, ya os podéis ir haciendo una idea de lo que pienso. Por mucho que nos guste pensar que estamos en control de nuestras vidas, de nuestras necesidades, lo cierto es que el deseo es anterior. Luego nos engañamos a nosotros mismos, y nos creemos que es obra de una razón bien fundamentada.

    En cuanto a los objetivos… No creo en ellos como forma general de vivir la vida. Fijarse objetivos puede ser algo válido para el trabajo. Pero intentar vivir la vida por objetivos me parece que es condenarse a una insatisfacción perpetua.

    Lo más bonito del deseo es desear. Es vivirlo. No es una meta. Es un proceso. Llegar a algun sitio no es la mitad de importante que el cómo has llegado y si has disfrutado del camino. A veces pienso incluso que lo deseable con respecto a los deseos es nunca llegar a cumplirlos. Que sean eterno potencial y por lo tanto perfectos.

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