Una noche de verano…

Este verano he pasado bastante tiempo en Asturias y la verdad es que ha sido genial. He tenido un poco de todo (y mucho surf, jejeje) incluso tiempo para estar solo, tiempo para reflexionar! Parece una tontería pero a veces me cuesta encontrar algo de tiempo para mi. Supongo que porque aunque me encante y lo considere muy muy necesario, también me encanta meterme en mil fregaos y estar rodeado de amigos y conocer gente nueva y hacer deporte y… os hacéis una idea, ¿no?

El caso es que en una de esas vistas a Asturias en uno de mis incontables paseos hacia la playa se me pasó algo por la cabeza. Algo a lo que di ciertas vueltas en su momento y que sin saber muy bien por qué hoy he recuperado de mi lado oscuro… de la memoria. Si si, el lado oscuro, ese grandote que contiene muchas cosas y que solo me da alguna de cuando en vez, y que normalmente nunca suele ser la que yo le pido 🙂 

Empecemos a imaginar…

Hace una noche de verano increíble. De repente te levantas del sofá y abandonas a todo el mundo que anda danzando a tu alrededor porque sientes la necesidad de dar un paseo hasta la playa. Empiezas a caminar y poco a poco empiezas a "liberarte" del ruido y te quedas solo con tu incansable cerebro. Esta bien, tengamos una pequeña charla, hace tiempo que no hablamos… De repente, en mitad de una conversación intrascendente, te das cuenta de que justo al llegar a la entrada del paseo de farolas que te conduce hasta la playa la farola guardiana del camino deja de alumbrar. Bueno, es normal, sigamos caminando… todavía queda luz de sobra! Sigues andando y cuando llegas a la altura de la segunda farola se repite lo acontecido hace escasos segundos. Vaya, quizás esto ya no sea tan normal…

Seguí caminando intrigado pero no sucedió nada más. Bueno, en realidad si, empecé a pensar…

¿Hasta cuando sería capaz de seguir caminando si las farolas se fueran apagando una a una a mi paso? Bufff, así en frio es más o menos fácil… pero intentemos ponernos en situación. Das un paso y se apaga una farola, andas cuatro o cinco pasos más y justo al poner el pie a lado de la siguiente esta se apaga también. Sigues andando pero cada vez más despacio y a medida que vas viendo que la historia se repite empiezan a aparecer dudas en tu cabeza. Dudas que razonablemente incluso te incitan a parar unos instantes para romper con la cadena temporal y ver hasta que punto esta relacionado contigo todo lo que está pasando…

Vuelves a iniciar tu marcha después de llevar un buen rato esperando sin que nada pasara cuando, como ya os imaginareis, al llegar a la siguiente farola esta se apaga al instante. Vale, vamos por la mitad del camino y por lo visto si sigo caminando se van a ir apagando todas las farolas hasta el final. ¿Y al final? ¿Que pasará cuando se apague la última farola? Vamos a ver. Según lo asustadizo que sea cada uno se puede dar la vuelta a la segunda farola, a la tercera, a la cuarta… Si pasas de la cuarta supongo que puedes llegar a la farola de en medio, y es llegado este punto cuando necesitas hacer un alto en el camino, necesitas reflexionar.

Hasta ahora no puedo explicar lo que está pasando pero he encontrado un patrón que, dejando a un lado los miedos infundados, me dice claramente que no hay ningún peligro si prosigo la marcha. Al fin y al cabo lo único que está pasando es que a medida que avanzo se va apagando la luz que guiaba mis pasos, pero no la que los guiará. No habría ningún problema mientras siga caminando en el mismo sentido hasta detenerme un paso antes de la última farola. Si no mirase hacia atrás ni siquiera me percataría de la total oscuridad que llevo como mochila.

Ya no hay vuelta atrás. Si me hubiera detenido en la primera farola… Si, aquel era el momento de dar la vuelta. Mirando hacia delante todo estaba en su sitio, mirando hacia detrás también. Solo mirando al suelo (o al cielo) sin desviar ni unos milímetros la vista hacia delante ni hacia atrás notaría cierto cambio, algo extraño e imprevisible que estaba pasando justo en aquel instante. Aquel era el momento si, pero es tan difícil no llegar a la segunda farola. Y tan estúpido…

Por cierto, la playa estaba increíble aquella noche. El mar estaba contento y cantaba mientras alisaba la arena. Era una bonita canción que mezclaba silencios y estruendos de manera tremendamente armoniosa. La luna se peleaba por alumbrar la arena y el mar tiñéndolos de plata mientras algunas nubes solitarias y juguetonas corrían detrás de ella para impedírselo. Corría una ligera brisa y la temperatura era tan agradable… Jamás me habría perdonado no acabar aquel paseo. Bueno, en el fondo si no lo hubiera terminado, si me hubiera dado la vuelta en la primera farola, nunca habría visto aquella playa y por tanto no podría reprocharme nada.

Pero no fue así y ahora ya no tengo excusa… ahora que sé que después de un camino que tan solo tiene cosas que no consigo explicar puede haber algo tan increible… ya no hay vuelta atrás! Pase lo que pase, aunque no veas luz al final del túnel, no te quedes quieto…

…avanza!

 

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Una respuesta a Una noche de verano…

  1. Luis dijo:

    Muy buenas, caballero.Tu blog me ha hecho escribir. Este es el resultado.Eres culpableGracias

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